Viernes, 09 Diciembre 2016

La alegria del Evangelio

El evangelio: buena noticia que transmite alegríacorazon evangelio

Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio. 

Una Iglesia en salida

Pastoral en conversión

Desde el corazón del Evangelio

La misión que se encarna en los límites de lo humano

 

 

Resulta iluminador la idea que defiende el teólogo Jon Sobrino acerca de que evangelio quiere decir buena noticia, y que no se puede comunicar una buena noticia sin transmitir alegría y gozo. Así, hay una convergencia entre esta consideración del evangelio como buena noticia y la llamada a la recuperación de lo lúdico, aunque hay matices y acentos distintos respecto a la fuente de donde surge el gozo: “Muchos se alegran de que Jesús anunciase e iniciase la liberación para los pobres de este mundo (el reino de Dios) y se alegran también de que el mediador (Jesús de Nazaret) fuese como fue. Es buena noticia la mediación y es buena noticia el mediador”. Sobrino dice que Jesús fue un buen mediador porque nos salvó con su encarnación, muerte y resurrección, pero también fue un mediador bueno por su modo de ser (tierno, misericordioso, solidario, veraz... cálido). Además, según Sobrino, que el modo de ser de Jesús fuera buena noticia y produjera gozo no es un constructo teórico elaborado a priori, sino constatación de una realidad fáctica que de hecho fue así (cf. Hech 10,38; Heb 2,11; Tit 2,11...).

Jesús es buena noticia en su mismo modo de ser sobre todo por una serie de rasgos que nos lo mostraron cercano a los seres humanos: “En Jesús se capta –con un cierto sabor a milagro- la aparición de lo verdaderamente humano y esto sigue siendo buena noticia”. Esos rasgos son, sobre todo, su honradez fundamental (asumir lo humano con todas sus consecuencias), la primariedad que dio a la misericordia, su voluntad de buscar y decir la verdad, su fidelidad en la historia a Dios y a los hombres, su libertad orientada desde y para la bondad, y su convicción gozosa de que Dios es esencialmente bueno (expresado en signos concretos y gozosos como las celebraciones de comidas compartidas con pecadores y con las personas despreciadas en aquella sociedad).

Jon Sobrino cree que este modo de ser de Jesús fue olvidado en Occidente debido al acento puesto en lo intelectual: “Caí en la cuenta de que el evangelio no es sólo verdad (que hay que asentar en presencia de tantos cuestionamientos), sino que es, ante todo, buena noticia que produce gozo”. Cuando el evangelio se presenta así, se encuentra la perla preciosa y el tesoro escondido que llenan de gozo a evangelizado y evangelizador, y este experimenta su tarea como carga ligera y que se lleva con alegría.

Así pues, si a la verdad del evangelio se debe responder con una ortodoxia adecuada y a sus exigencias prácticas con una praxis coherente (ortopraxis), a su carácter de buena noticia que produce gozo habría que responder con unos sentimientos y afectos correctos, que Jon Sobrino ha denominado ortopatía: “Hemos recalcado, con cierto intento de novedad, que buena noticia es el modo concreto de Jesús en su ser y en su hacer, lo cual hace que a la ortodoxia y a la ortopraxis haya que añadir la ortopatía para relacionarnos con Jesús”. La necesidad de una respuesta sentimental y emocional al evangelio es una aportación muy interesante de Jon Sobrino, que conecta con la inquietud del ser humano de hoy. Así pues, en las acciones y palabras de Jesús encontramos una pastoral muy cálida, sin que ello conllevara, por supuesto, una rebaja de lo esencial o una emotividad superficial.

Esto tiene unas consecuencias evidentes para las comunidades cristianas: “Una Iglesia transida de tristeza, que no mostrase y contagiase gozo, no sería una Iglesia del eu-aggelion. Una Iglesia triste es una triste Iglesia, y esa es la impresión que dan algunas iglesias envejecidas”. Eso mismo lo reconocía hace años un teólogo europeo tan atento a la cultura moderna como Schillebeeckx: “La razón principal de que nuestras iglesias se vacíen parece residir en que los cristianos estamos perdiendo la capacidad de presentar el evangelio a los hombres de hoy con una fidelidad creativa, junto con sus aspectos críticos, como una buena nueva”.

No obstante, Jon Sobrino no se refiere a una alegría superficial o evasiva, y por ello precisa cuándo el gozo es verdaderamente profundo: “Una Iglesia que no transmite gozo no es la del evangelio; ahora bien, no debe transmitir cualquier gozo, sino el que le es declarado en su carta magna de las bienaventuranzas y, entre ellas, la misericordia”. Traducido a nuestra cuestión: la pastoral debe ser cálida, pero no con cualquier tipo de calidez. Aún con más claridad: “Que la vida pueda ser “celebrada” es fundamental para poder comprender y vivir la resurrección de Jesús. No se trata, desde luego, de diversión, en su doble acepción de divertimento y de alienación. Se trata de una honradez primigenia con la realidad, según la cual, a pesar de todo, se es capaz de reconocer, junto con otros, lo bueno y lo positivo, en cosas pequeñas y grandes, lo cual tiene su propia dinámica de ser celebrado. Esa honradez con lo bueno de la realidad es la de Jesús cuando se alegra de que los pequeños hubiesen entendido los misterios del reino, cuando celebra la vida con los marginados o cuando invita a llamar a Dios Padre de todos”. Estas palabras de Jon Sobrino nos ayudan a aclarar nuestro tema: la pastoral cálida es evangélica, buena y necesaria, con tal que se parezca verdaderamente a la de Jesús, y evitemos así que se convierta en superficial y superflua, y nos estorbe en vez de ayudar.

 

 Tentaciones de los agentes pastorales

Como hijos de esta época, todos nos vemos afectados de algún modo por la cultura globalizada actual que, sin dejar de mostrarnos valores y nuevas posibilidades, también puede limitarnos, condicionarnos e incluso enfermarnos. Necesitamos crear espacios motivadores y sanadores para los agentes pastorales, «lugares donde regenerar la propia fe en Jesús crucificado y resucitado, donde compartir las propias preguntas más profundas y las preocupaciones cotidianas, donde discernir en profundidad con criterios evangélicos sobre la propia existencia y experiencia, con la finalidad de orientar al bien y a la belleza las propias elecciones individuales y sociales». Al mismo tiempo, quiero llamar la atención sobre algunas tentaciones que particularmente hoy afectan a los agentes pastorales (Papa Francisco).

Una aproximación y lectura pastoral del capítulo acerca de las tentaciones de los agentes de pastoral de la Exhortación del Papa Francisco “La Alegría del Evangelio”.

La fe es exigente, pero no una carga pesada. Al contrario, la fe resulta una auténtica fuente de alegría como consecuencia ha haberse dejado seducir por el Amor de Dios. Sin lugar a dudas que la alegría es un don del Espíritu Santo: un verdadero regalo que llena de aliento nuestro camino de la vida, y al mismo tiempo un deseo para que se difunda en todos los corazones junto con el amor de donde brota, gracias al soplo alentador del Espíritu Santo.

La fe es fuente de alegría cristiana como consecuencia de habernos dejado encontrar por Jesucristo, manifestado también en la amistad fiel, en la belleza de la creación, en la belleza del arte, de la música… en la belleza del Amor. “Alégrense siempre en el Señor. Se los repito: alégrense. El Señor está cerca” (Flp 4,4-5)

El Espíritu Santo deposita la alegría de Jesucristo resucitado en nuestro ser. Una alegría que está presente no sólo cuando todo va bien, alentándonos en nuestras responsabilidades y tareas, sino cuando llegan las dificultades; una alegría que permanece como las ascuas entre la ceniza de la lumbre, pero sin apagarse. Y, de pronto, ante un acontecimiento, su calor asciende en nosotros y todo se llena de calor y luz que caldea y anima nuestra vida.

 

 

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