Martes, 23 Mayo 2017

Espiritualidad

ADORACION EUCARISTICA VOCACIONAL

Una invitación a vivir un momento de cercanía con el Maestro, que nos llama a vivir una amistad personal con El. Nos acompaña el apóstol Juan, el discípulo más querido, en cuya escuela podemos aprender la gran lección del amor, así como sentirnos amados por Cristo “hasta el fin” y gastar nuestra vida por Él.

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PORTARSE BIEN CON UNO MISMO

 

 

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USTEDES, ¿QUIÉN DICEN QUE SOY YO?

 

 


 

Para mí la vida es Cristo

Parecería que la expresión “Encuentro con Cristo”, no diga nada nuevo en los ambiente creyentes de nuestra cultura que ya está acostumbrada a escuchar  hablar de Cristo. Es como una idea sobreentendida pero no vivida; ya que muchas veces pareciera que la “novedad” del encuentro con Cristo se ha perdido o debilitado entre los cristianos, o al menos eso creen muchos creyentes.

 

Por eso cobra vigencia hoy el mensaje de San Pablo: «Para mí la vida es Cristo» (Fil 1,21). Para este pequeño hombre, ciudadano romano, fariseo y judío prácticamente, el encuentro con Cristo fue un Encuentro que la cambio la Vida, que le dio un nuevo rumbo, un nuevo nacimiento, podríamos decir, una nueva manera de ver y apreciar la vida, la existencia en este mundo; una nueva manera de concebir los afectos, la familia, el trabajo, la religión y por que no hasta su propia relación con Dios.

«Para mi la Vida es Cristo y una ganancia el Morir»; fue la premisa de Pablo, este su norte, este su sentimiento más profundo, la convicción que le movía para lanzarse por los caminos, para “anunciar el evangelio a tiempo a destiempo” (2Tim 4 ,2 ), la certeza que le hacia decir “No vivo yo es Cristo quien vive en mí, y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe, en el Hijo que me amó hasta entregarse por mí” (Gal 2, 20).

Pablo llegó a Filipos durante su segundo viaje misionero, procedente de la costa de la Anatolia y a travesando el Mar Egeo. Fue esa la primera vez que el Evangelio llegó a Europa. Estamos en torno al año 50, por tanto unos veinte años después de la muerte y la resurrección de Jesús. Sin embargo, la Carta a los Filipenses, contiene un himno a Cristo que ya presenta una síntesis completa de su misterio: encarnación, kénosis, es decir, humillación hasta la muerte de cruz, y glorificación. Este mismo misterio se hace una unidad con la vida del apóstol Pablo, que escribe esta carta mientras se encuentra en la cárcel, a la espera de una sentencia de vida o de muerte. Él afirma: “Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia” (Fil 1,21). Es un nuevo sentido de la vida, de la existencia humana, que consiste en la comunión con Jesucristo vivo; no sólo con un personaje histórico, un maestro de sabiduría, un líder religioso, sino con un hombre en el que habita personalmente Dios. Su muerte y resurrección es la Buena Noticia que, partiendo de Jerusalén, está destinada a llegar a todos los hombres y a todos los pueblos, y a transformar desde el interior todas las culturas, abriéndolas a la verdad fundamental: Dios es amor, se ha hecho hombre en Jesús y con su sacrificio ha rescatado a la humanidad de la esclavitud del mal dándole una esperanza fiable.
San Pablo era un hombre que condensaba en sí mismo tres mundos: el judío, el griego y el romano. No por casualidad Dios le confió la misión de llevar el Evangelio desde Asia Menor a Grecia y después a Roma, construyendo un puente que habría proyectado el Cristianismo hasta los extremos confines de la tierra. Hoy vivimos en una época de nueva evangelización. Vastos horizontes se abren al anuncio del Evangelio, mientras regiones de antigua tradición cristiana están llamadas a redescubrir la belleza de la fe. Son protagonistas de esta misión hombres y mujeres que, como san Pablo, pueden decir: “Para mí vivir es Cristo”.

 

 

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