Miércoles, 13 Diciembre 2017

Espiritualidad Juvenil Salesiana

Espiritualidad Juvenil Salesiana

Frente a las necesidades de los muchachos de su época,especialmente los más pobres, Don Bosco quiso dar una respuesta. Deseaba hacerles experimentar que Dios los amaba, que Jesús era el amigo que precisaban para su vida.

Así comenzó una historia que nació en un lugar concreto: el Oratorio de Valdocco. Los jóvenes que llegaban a Valdocco se sentían envueltos en un ambiente de espontaneidad, alegría y fiesta, que brotaba de las relaciones que Don Bosco y sus colaboradores establecían con los muchachos.

Don Bosco invitó a muchos para participar en su misión: especialmente a María Mazzarello, fundadora de las Hijas de María Auxiliadora. Y también a muchos otros, jóvenes llenos de entusiasmo y amor a Dios como él.

Hoy los invitados somos nosotros. Pero los tiempos cambian;   no basta con decir y hacer igual que él. Por eso buscamos las características fundamentales del corazón de Don Bosco, para poder imitarlo desde dentro, desde lo que él es en lo más hondo. Y después, movidos por los mismos sentimientos y valores que él tenía, tener las actitudes y gestos concretos que Don Bosco tendría hoy.

El resultado de esta búsqueda es lo que llamamos Espiritualidad Juvenil Salesiana.

 

Rasgos de la EJS 

 

Presentación PowerPoint de la EJS 

 

¿Qué es eso de la espiritualidad?

Es habitual, y hasta normal, que luego de una actividad “pastoral” evaluemos los resultados en términos cuantitativos: “vinieron muchos, éramos pocos, habría que ver cómo hacer para que vengan más...”. Es la manifestación natural de nuestro deseo de compartir con muchos jóvenes la amistad con Jesús. En cambio, evaluar los frutos espirituales es bastante más difícil y requeriría de un diálogo personal profundo con cada persona.

Cuando Juan Bosco tenía unos catorce años, iluminado por Don Calosso, por primera vez gusta la vida espiritual porque se siente llevado no a actuar ya materialmente y como una máquina que hace algo sin saber la razón, sino conscientemente, con una clara orientación: ahora conoce el sentimiento último, la dirección por donde ir, las etapas progresivas, los medios adecuados y los pasos de un gozoso camino de maduración. Está como avivado, consciente. Por tanto, queda liberado de los condicionamientos e iniciado, sumergido en el gran flujo de vida espiritual con sus procesos de deseo, de determinación, de purificación, de construcción, de tensión hacia el amor que unifica la persona.

Los jóvenes se entusiasman cuando se abre ante ellos un ancho horizonte de sentimientos, la posibilidad concreta de liberarse de esclavitudes y de pesos, de realizar un purificación, de pasar (de etapa en etapa) de la superficialidad y de la mediocridad a la consolidación interior, hasta el hombre perfecto, a la vigorización de una fuerte y serena personalidad unificada por Dios. Ellos perciben la propuesta sobre todo cuando se les hace descubrir que este horizonte espiritual tiene como meta la realización de la propia llamada profunda a la unión de amor con el Creador, grabada en su mismo ser. Necesitan descubrirse a sí mismos y desentrañarse. Después necesitan que se les guíe y se les dirija concretamente a una relación íntima y realísima con el Señor de su vida.

Las indicaciones de Don Bosco son claras. Para conducir al joven a una dimensión espiritual gratificante y sólida se requiere una entrega total, afectuosa y constante por parte de los educadores, en una integración de personas, de actuaciones y de lugares diferentes. Ante todo es indispensable crear las condiciones de relación y confianza para una entrega total de colaboración y obediencia interior. Todo esto exige del mismo educador y del pastor que se convierten en guías y acompañantes, la experiencia espiritual del camino espiritual, una sólida interioridad de enraizamiento en Dios, caracterizada por el ofrecimiento y el espíritu de oración.

El secreto del éxito de Don Bosco educador y de su intensa caridad pastoral, o sea, aquella energía interior que une inseparablemente en él el amor a Dios y el amor al prójimo, está en que logra establecer una síntesis entre actividad evangelizadora y actividad educativa. La espiritualidad salesiana, expresión concreta de esta caridad pastoral, constituye, pues, un elemento fundamental de la acción pastoral; es su fuente de vitalidad evangélica, su principio de inspiración y de identidad, su criterio de orientación.

 

Esta espiritualidad se puede sintetizar de modo sencillo: vivir siempre alegre, con Cristo, en la Iglesia para el bien la sociedad, especialmente para los jóvenes más pobres.

Lo cotidiano se vive en la presencia de Dios. La vida es el lugar de la respuesta de la vocación humana, cristiana y religiosa. La disciplina y el sentido del deber entrenan en la templanza de la madurez espiritual. La presencia cercana y viva de Dios se contempla en la sencillez de lo cotidiano, como María, que conservaba todo en su corazón (Lc 2, 53).

La alegría y el optimismo brotan en quien se reconoce en el camino de las bienaventuranzas. El clima sereno y familiar alimenta la reciprocidad. Vivir en la Gracia de Dios permite, como María, cantar la alegría y la justicia del Señor (Lc 1,46-55).Espiritualidad Juvenil Salesiana

La persona de Cristo impregna la vida con su Palabra, su Cuerpo y su Sangre. Cristo, amigo, alimento y perdón, mantiene vigilante el corazón para cuidar el tesoro encontrado: la gracia de Dios. Con el testimonio de María, la persona aprende a escuchar a Cristo y a celebrar el tiempo de Dios (cf. Jn 2, 1-5).

El sentido de la Iglesia se vive en la comunión, en el servicio evangelizador y la celebración de la fe. Al lado de la Virgen, como Juan (cf. Jn 19, 26-27), la persona acepta los encargos de Dios para servir a los demás.

El ardor de la caridad educativa motiva al servicio de la sociedad desde el Evangelio. Como María que al saber de la situación de Isabel va presurosa a servirla y a llenarla de la alegría del Señor (cf. Lc 1,39-45), así la persona sabe ir al encuentro de este mundo para descubrir en cada circunstancia los gemidos del Espíritu.

En conclusión, siempre alegres, con Cristo, en la Iglesia para el Mundo, como María.

 

 
 


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