Miércoles, 29 Marzo 2017

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Domingo 2 de abril

Quinto domingo de Cuaresma

"Yo soy la Resurrección y la Vida"

 

Palabras iniciales

Señor Jesús, resurrección y vida nuestra,perdona nuestra fe vacilante y débil
y nuestra esperanza tímida y titubeante.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, Hijo del Dios Viviente, perdónanos porque, desde que recibimos el bautismo, nuestra vida ha crecido tan poco en nosotros.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, alimento de nuestra vida,perdónanos porque no hemos dejado
que la eucaristía nos levantara
del la tumba del pecado.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

 

LITURGIA DE LA PALABRA 

 Primera Lectura (Ez 37,12-14)
A su pueblo desalentado, exiliado en un país extranjero, Dios le anuncia por medio del profeta: “Quiero que ustedes vivan. Les llevaré de vuelta a la tierra de la promesa y les daré mi espíritu de vida y fortaleza.

Segunda Lectura (Rom 8,8-11)
Los cristianos no se escapan de la realidad de su naturaleza humana, del mal y del sufrimiento. Sin embargo, no capitulan ni se rinden a la muerte del pecado. Por medio del Espíritu Santo que vive en ellos, son llamados a participar de la vida eterna de Dios.

Evangelio (Jn 11,1-45)
Jesús es la resurrección y la vida. Como resucitó a Lázaro de entre los muertos, así nos hace participar ahora en su vida resucitada y nos resucitará en el día del juicio. Es nuestra tarea también llevar a los hermanos a la plenitud de vida.

Jabía un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta.
María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.
Las hermanas enviaron a decir a Jesús: "Señor, el que tú amas, está enfermo".
Al oír esto, Jesús dijo: "Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella".
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro.
Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
Después dijo a sus discípulos: "Volvamos a Judea".
Los discípulos le dijeron: "Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿quieres volver allá?".
Jesús les respondió: "¿Acaso no son doce las horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo;
en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él".
Después agregó: "Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo".
Sus discípulos le dijeron: "Señor, si duerme, se curará".
Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte.
Entonces les dijo abiertamente: "Lázaro ha muerto,
y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo".
Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: "Vayamos también nosotros a morir con él".
Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.
Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros.
Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.
Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.
Marta dijo a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas".
Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará".
Marta le respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día".
Jesús le dijo: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?".
Ella le respondió: "Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo".
Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: "El Maestro está aquí y te llama".
Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro.
Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado.
Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí.
María llegó a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto".
Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado,
preguntó: "¿Dónde lo pusieron?". Le respondieron: "Ven, Señor, y lo verás".
Y Jesús lloró.
Los judíos dijeron: "¡Cómo lo amaba!".
Pero algunos decían: "Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?".
Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima,
y dijo: "Quiten la piedra". Marta, la hermana del difunto, le respondió: "Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto".
Jesús le dijo: "¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?".
Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: "Padre, te doy gracias porque me oíste.
Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado".
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: "¡Lázaro, ven afuera!".
El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: "Desátenlo para que pueda caminar".
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

 

 COMENTARIO Y REFLEXIÓN

 

“Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel”.  Este mensaje de Ezequiel (Ez 37,12) iba dirigido al pueblo que había sido deportado a Babilonia. El profeta le anunciaba de parte de Dios la promesa de rescatarlo de la esclavitud y devolverlo a su tierra.
Aunque todavía no se había llegado a asumir y profesar la fe en la resurrección de los muertos, el lenguaje estaba preparado para admitir como una resurrección la intervención de Dios a favor de los oprimidos. Muchos creían ya que Dios es el Señor de la vida. Por eso puede infundir en ellos su espiritu para que vivan de verdad y para siempre.
El salmo responsorial del domingo 5º de Cuaresma evoca este poder de Dios sobre la historia y la peripecia humana: “Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”.
En la segunda lectura que hoy se proclama, san Pablo subraya el papel de Jesucristo en nuestra resurrección: “Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros” (Rom 8,11).

EL DIÁLOGO

Aunque este año se proclama el evangelio según san Mateo, durante tres domingos de cuaresma leemos unos relatos de Juan que recogen las imágenes del agua, la luz y la vida. Toda una catequesis prebautismal que nos invita a meditar sobre el don de una existencia iluminada por el misterio pascual de Jesucristo.
Al llegar a la casa de su amigo Lázaro, muerto recientemente, Jesús mantiene con Marta un diálogo tan profundo como esperanzado. Marta sabe que Dios concederá a Jesús lo que le pida. Jesús le asegura que su hermano resucitará. Y ella confiesa una fe que se iba abriendo camino en el pueblo: “Sé que resucitará en la resurrección en el último día.
Ahí se inserta la gran revelacion de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está muerto y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?” Esa es la pregunta definitiva, la que marca toda diferencia en el campo de las creencias. Pues bien, Marta cree que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, el esperado.

EL SEPULCRO

Pero el diálogo sobre la vida no ha llevado a Jesús a olvidar que la muerte ha llegado a la casa de sus amigos. Su pregunta por la sepultura de Lázaro no indica una simple curiosidad. Sus lágrimas revelan la sinceridad de su amor ante todos los presentes.
• “Lázaro, sal afuera”.   Esa es la orden que el Señor de la vida grita con voz potente ante la entrada del lugar donde se ha helado la esperanza.
• “Lázaro, sal afuera”.  Esa es la invitación que el Señor de la Iglesia le dirige para que ella abandone su cansancio y somnolencia y dé testimonio de la vida.  
• “Lázaro, sal afuera”.   Ese es el imperativo que Jesús nos dirige a todos los que vamos arrastranndo una existencia mortecina que no puede suscitar el entusiasmo.

 

    (P. José Román Flecha Andrés)

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

  • Señor da nueva vida a tu Iglesia y dale valor, para que nazca una Iglesia mejor a través de los difíciles dolores del cambio y la renovación.
  • Señor, derrama tu vida de manera rica y profunda en los adultos y en los niños que se preparan para el bautismo, para que vivan muy cerca de ti.
  • Señor, sostiene a los ancianos y a los moribundos en la esperanza de que resucitarán contigo, para que se confíen a ti con toda serenidad y con fe profunda.
  • Señor, sigue inspirando, con el valor y la dignidad de la vida,a los que sufren, a las víctimas de la injusticia y de la desgracia, para que no se desalienten ni se rindan ante las dificultades de la misma vida.
  • Señor, mira con amor a nuestra comunidad cristiana. Haz que apreciemos la vida como un don y una tarea, de forma que podamos usar todos nuestros talentos para enriquecerla y perfeccionarla en beneficio nuestro y de los demás.

 

 

CANTO DE COMUNIÓN

 

 

 

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