Miércoles, 18 Octubre 2017

Recursos para la misa del domingo

eucar jov 

Domingo 15 de setiembre

Vigésimo octavo domingo del tiempo común

«Muchos son llamados, pero pocos son elegidos»

Canto de inicio

 

 

Palabras iniciales

 Hemos venido a la eucaristía de hoy en respuesta a la invitación de Jesús nuestro Señor, que a todos da la bienvenida a su banquete festivo. Todos estaban invitados, pero no todos se han acercado. Algunos no se deciden a venir porque sienten que no les acogemos cordialmente,  o bien piensan que no son suficientemente buenos y dignos.  Otros ni se enteran de que están invitados. Jesús nos pide que acojamos a todos y que hagamos los posibles para que se sientan con nosotros como en su propia casa,  como él se siente en su casa con ellos.

 

LITURGIA DE LA PALABRA.

Primera Lectura (Is 25,6-10)
En una visión de esperanza, el profeta Isaías describe el tiempo del Mesías- Salvador como un banquete festivo. Todos los pueblos acudirán a este banquete y encontrarán en Dios la plenitud de vida y felicidad.

Lectura Segunda (Flp 4,12-14, 19-20)
Pablo da gracias a los cristianos de Filipos, que le habían enviado ayuda material a la prisión. Dios también le ha dado fortaleza en sus tribulaciones.

Evangelio (Mt 22,1-14)
Todo en esta vida es una invitación de Dios, pero con frecuencia presentamos excusas. Tenemos también la misión de invitar a otros a la fiesta del amor de Dios.

 

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'.
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;
y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.
Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'.
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio.
Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'.
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

 

COMENTARIO Y REFLEXIÓN

“Aquel día preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos” (Is 25,6). En este poema el profeta Isaías ve a Jerusalén como el santuario al que se dirige la peregrinación de todos los pueblos.
Para todos los que llegan cansados del camino, hambrientos y exhaustos, Dios tiene preparado un espléndido banquete. Y no solo eso. El Señor liberará a los pueblos de su ignorancia y de sus dolores. Es más: los liberará del último mal que es la muerte. Dios invita a todos al festín de la vida y de la alegría.
A esa promesa, que se hace actual en la eucaristía, respondemos con el salmo 22: “Tú bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término”. Como escribía san Pablo a los fieles de Filipos, también nosotros podemos decir: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” (Flp 4,13).

UNA DOBLE INVITACIÓN

La comparación de la era mesiánica con un banquete, utilizada ya por el poema del profeta Isaías y también por el evangelio de Mateo (Mt 8, 11-12), reaparece en el evangelio que se proclama en este domingo. Un rey celebra la boda de su hijo y envía mensajeros a dos grupos de invitados.
• “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.  El banquete mesiánico ha sido preparado directamente para los hijos del pueblo de Israel. Dios les ha mostrado continuamente su predilección. No los llama a sufrir como esclavos, sino a participar de la alegría de un banquete de bodas.
• “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. El texto indica que los hijos de Israel han puesto sus excusas para no aceptar la invitación. Y el Rey convida a los de fuera, es decir a los paganos. El banquete se abre a todos los pueblos.

EL VESTIDO DE BODA

La parábola señala que la sala se llenó de comensales. Pero el rey repara en uno que no ha llegado con traje de fiesta. Y lo interpela con seriedad:
• “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?  Los cristianos venidos del mundo pagano podían sentirse felices de haber heredado los bienes preparados para Israel. Pero no debían continuar con los hábitos de su anterior paganismo.
• “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda? El Señor nos invita a todos a participar del banquete de la gracia y de los sacramentos. Pero no debemos vivir esa vida nueva con las actitudes del hombre viejo.
• “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?  Según el papa Francisco, la invitación al banquete es gratuita, generosa y universal. Solo exige una condición: “vestir el traje de bodas, es decir, testimoniar la caridad hacia Dios y el prójimo”.

   (P. José Román Flecha Andrés)

 

ORACIONES DE LOS FIELES

 

  • Para que el Señor reúna a todos los pueblos en una común alabanza a su nombre, roguemos al Señor.
  • Para que la vida de todos los cristianos irradie alegría y esperanza,  y propicie una fiesta de felicidad para otros, roguemos al Señor.
  • Para que el Señor, que destruye la muerte, dé consuelo y fortaleza, a los que lloran la pérdida de seres queridos, roguemos al Señor.
  • Para que en la eucaristía el Señor sea la alegría y el vínculo de amor de todas nuestras comunidades cristianas, roguemos al Señor.

 

CANTO DE COMUNIÓN

 

 

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