Martes, 23 Mayo 2017

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Sexto domingo de Pascua

«Rogaré al Padre y les dará un Defensor»

 

AMBIENTACIÓN, BIENVENIDA, ACTO PENITENCIAL

 

Palabras iniciales

Hoy Jesús nos promete el Espíritu Santo, que nos hará ver lo que tenemos que hacer para amar a Dios y a nuestro prójimo y que nos dará la fuerza para hacerlo. Pidamos a Jesús aquí presente que nos dé el Espíritu de percepción interior y de fortaleza.

 

Acto penitencial

  •     Señor, que tu Espíritu de verdad nos inspire para ser honestos con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos:
        R/ Señor, ten piedad de nosotros.
  •     Cristo Jesús, que tu Espíritu de libertad nos inspire para llevar una verdadera liberación a nuestros hermanos:
        R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
  •     Señor, que tu Espíritu creador lleno de amor nos impulse a formar comunidades en las que compartamos nuestro compromiso y nuestra esperanza por un mundo mejor:
        R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor, y que el Espíritu elimine nuestros pecados.
Que él nos haga fieles y  fuertes en el camino hacia la vida eterna. 

 

LITURGIA DE LA PALABRA.

Primera Lectura (Hch 8,5-8.14-17)
Cuando se fundó en Antioquía una comunidad no-judía, el Espíritu Santo confirmó este paso importante en la vida de una Iglesia universal, ya que descendió sobre los samaritanos.

Segunda Lectura (1 Pe 3,15-18)
Pedro anima a los cristianos que sufren incomprensión y persecución. Den testimonio de su fe, dice, y  acepten los sufrimientos  con la actitud y mentalidad de Cristo. Entonces vencerán con él.

Evangelio (Jn 14,15-21)
Cristo promete su Espíritu Santo para ayudarnos a creer y a vivir nuestra fe, y así vivamos en el amor del Padre y del Hijo.

 

Jesús dijo a sus discípulos:
"Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán.
Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes.
El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él".

 

COMENTARIO Y REFLEXIÓN

“Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hech. 8,17). Esas palabras del libro de los Hechos de los Apóstoles cierran la primera lectura que se proclama en la celebración de la misa del sexto domingo de Pascua. Es sorprendente ver que el anuncio de Cristo en Samaría, por obra de Felipe, produce efectos admirables: la liberación del mal, la curación de las enfermedades y la difusión de la alegría.
A la vista de esos prodigios, la comunidad de Jerusalén envía allá a Pedro y a Juan. Su presencia garantiza la autenticidad de aquella misión. Y finalmente la completa con la imposición de las manos sobre los bautizados, que aún no han recibido el Espíritu Santo.
El salmo responsorial  (Sal 97) nos sugiere que también hoy la comunidad cristiana ha de alabar al Señor de forma que todos los pueblos reconozcan su grandeza y su santidad.
Pero la alabanza verdadera es inseparable del ejercicio del amor mutuo, que es la auténtica revelación de ese Dios que es amor (1 Jn 4,7-10).

VER Y VIVIR

Al igual que el evangelio del 5º domingo de Pascua, también el que hoy se proclama recuerda las solemnes palabras de Jesús después de la última cena.  Muchas ideas se agolpan en tan pocas líneas.
• Jesús dirige a sus discípulos una gran promesa. Pedirá al Padre que envíe sobre ellos  “otro” Paráclito, es decir, otro Consolador o Abogado. Jesús manifiesta que esa tarea formaba parte de su misma misión. Tarea que ha de ser completada por el Espíritu de la verdad.
• Además Jesús establece una distinción entre sus discípulos y el mundo en el que viven. El mundo no conoce ni puede reconocer al Espíritu. Pero los discípulos lo conocen porque viven en sintonía y mutua habitación con el Espíritu. Por esa señal se caracterizan.
• Aún hay más. Jesús promete también a sus discípulos que nunca los dejará huérfanos. A pesar de las dificultades, ellos podrán verlo y en esa visión consistirá precisamente la vida de la comunidad. Los creyentes vivirán ya en el que vive para siempre.

EL CÍRCULO DEL AMOR

 Todavía podemos escuchar y meditar otra promesa de Jesús: “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él” (Jn 14, 21). Meditemos esas palabras del Señor.
• “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama”.  En las relaciones humanas la sintonía en los valores y los propósitos es signo de amor. De modo semejante, la prueba del discipulado no está en repetir las palabras del Maestro, sino en aceptar y cumplir sus mandatos.
• “El que me ama será amado por mi Padre”.  En las relaciones humanas hay un lazo que une a las generaciones entre sí. También Jesús nos enseña que quien le ama de verdad será amado por el Padre, que nos ha entregado a su Hijo amado.
• “Yo también lo amaré y me manifestaré a él”. En las relaciones humanas, el amor no puede concebirse en una sola dirección. Quien ama espera ser correspondido. Pues bien, Jesús promete amar a aquellos que le han manifestado su amor cumpliendo sus mandatos.

 

 ORACION DE LOS FIELES

  1. Para que reciban el Espíritu de fortaleza todos los que tienen que dar testimonio de la esperanza que está viva en nosotros, roguemos al Señor: R/ ¡Señor, danos tu Espíritu!
  2. Para que reciban el Espíritu de poder los que son perseguidos por seguir el dictado de su conciencia y por vivir y defender su integridad, roguemos al Señor.
  3. Para que reciban el Espíritu de luz los que todavía no conocen al Señor y los que dejan de seguirle, roguemos al Señor.
  4. Para que reciban el Espíritu de amor los que quieren crecer en el amor de Dios y de los hermanos, roguemos al Señor.
  5. Para que recibamos el Espíritu de unidad todos los que participamos en esta eucaristía con fe y comprensión, roguemos al Señor.

 

 CANTO DE COMUNIÓN

 

 

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