Miércoles, 16 Agosto 2017

Recursos para la misa del domingo

eucar jov 

Domingo 13 de agosto

Décimo noveno domingo del tiempo común

«¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!»

Canto de inicio

 

Palabras iniciales

 ¿Podemos encontrar al Señor en el caos de nuestras dudas, nuestra confusión, nuestra fe vacilante? ¿Podemos encontrarle todavía en el desorden de nuestro tiempo? Él está aquí en las tormentas y dificultades del pequeño mundo de nuestro propio corazón; y también en el ancho mundo, dividido y amenazante, en donde es difícil reconocerle. Si realmente encontramos al Señor en la fe, en la amistad y en el amor, entonces el Señor hace que todo se vuelva tranquilo, aun cuando el viento huracanado siga soplando, ya que el Señor deja sentir su presencia. Sigamos confiando, sigamos creyendo, pues el Señor está aquí con nosotros.

 

LITURGIA DE LA PALABRA.

 

1ª Lectura: 1 Reyes 19, 9a. 11-13a

El profeta, en su soledad, quiere descubrir a Dios pero, con sorpresa, descubre que Dios no es algo majestuoso y que se impone por la fuerza. Más bien, es como un susurro que se le encuentra en el silencio.

2ª Lectura: Romanos 9, 1-5

El apóstol Pablo vive el drama de su pueblo, porque comprueba que los hijos de Israel no han querido reconocer a Jesús como Mesías. Esta situación le lleva a vivir entregado a sus hermanos, para que puedan descubrir lo que él mismo ha experimentado.

Evangelio: Mateo 14, 22-33

Jesúsl viene a hacer presente al Dios de la Vida, que todo lo hace nuevo. En esta ocasión se manifiesta en el mar: calma la tempestad y enseña a saber afrontar sin miedo el riesgo de creer. El creyente sabe que Cristo está siempre presente en su caminar; hay, pues, motivos para la confianza.

 

Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.
A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".
Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".
"Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame".
En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".

 

COMENTARIO Y REFLEXIÓN

“Sal y aguarda al Señor en el monte, que el Señor va a pasar”. Ese es el mensaje que se dirige al profeta Elías, refugiado en el monte Horeb. La amenaza de la reina Jezabel lo ha obligado a ocultarse. Y el miedo parece haberse apoderado de él. Desearía tener la certeza de que lo protege el Dios a quien ha defendido ante los derviches de Baal
Pero Dios no está en el viento huracanado, ni en el terremoto ni en el fuego. El Señor se hace presente en el susurro de la brisa. Esa presencia de Dios le dará fuerza para recorrer el camino de vuelta, para denunciar la prepotencia y la corrupción de la reina y anunciar el proyecto de Dios sobre su pueblo (cf. 1Re 9-13).
También nosotros esperamos que el Señor nos muestre su misericordia. En ello está nuestra salvación, como vamos a cantar con el salmo responsorial. “Su misericordia y su fidelidad se encuentran” (Sal  84,11).

EL TEMOR Y LA CONFIANZA

La oración del profeta Elías en el monte anticipa para nosotros la oración de Jesús en otro monte. Ambos se encuentran con Dios en la soledad. Mientras tanto, los discípulos de Jesús se sienten amenazados por el agua y por el viento. A la oración de Jesús se contrapone el miedo de los suyos. Pero la presencia del Señor los alienta.
• “¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!” Jesús no ignora la angustia y el temor de sus discípulos. Está cerca de los que lo han dejado todo para seguirle. Ellos nunca deberían dudar de la fidelidad de su Maestro.
• “¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!” Ahora, como entonces, imaginamos fantasmas que nos roban la paz. En lugar de calmarnos, solamente añaden terror a nuestras preocupaciones ordinarias.
• “¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!” Los dioses antiguos atemorizaban a los hombres. El Dios vivo nos exhorta continuamente a superar el temor y a vivir en paz y en confianza.

     EL MIEDO Y LA FE

El evangelio nos recuerda la osadía de Simón Pedro. No está mal pretender seguir al Señor sobre las aguas movedizas. El peligro está en confiar en nosotros mismos más que en él. Menos mal que el Señor nos devuelve la calma y la fe para exclamar:
• “Realmente eres Hijo de Dios”. Solamente su presencia hará que cesen las tormentas que amenazan nuestro trabajo.
• “Realmente eres Hijo de Dios”. Solamente su cercanía nos hará descubrir que nuestros miedos pueden ser superados por la fe.
• “Realmente eres Hijo de Dios”.  Solamente esa fe nos llevará a reconocer  y a proclamar a Jesús como el Hijo de Dios que nos trae la salvación.

 

  (P. José Román Flecha Andrés)

 

ORACIONES DE LOS FIELES

Señor, tú no estás en el rayo y en el trueno de la ira y la venganza. Escucha el grito de tu Iglesia, dondequiera que esté perseguida y privada de libertad. Oremos.
Señor, tú no estás en el tornado de los que infligen daño a sus opositores; cambia sus corazones y sé compasivo con ellos y con sus víctimas. Oremos.
Señor, tú no estás en el terremoto de los que siembran temor y provocan guerras. Da paz y justicia a sus víctimas y también a los que les hieren. Oremos.
Señor, tú no estás en el fuego de los que juzgan y condenan a sus hermanos. Muestra tu amabilidad a sus víctimas, y convierte los corazones de los que hieren a otros. Oremos.
Señor, tú estás en la suave y agradable brisa de la gente que trata de servirte bien, y que lleva alegría a sus familias y comunidades. Permanece muy cercano a ellos y dales fortaleza. Oremos.

 

 

CANTO DE COMUNIÓN

 

Salesianos en Uruguay

Salesianos en Uruguay

Recursos para la misa

celebrar misa

La fe cristiana

La fe cristiana